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lunes, 26 de enero de 2015

Una sola oblación





Una Sola Oblación
[Comentario / Reflexión a Hebreos 10:1-10]


Una sola oblación, no más, suficiente con el sacrificio del único justo y santo que ha existido.

A partir de su entrega para ser inmolado, Él no desea holocaustos, Él no desea que nos crucifiquemos, sino que carguemos la Cruz, que no es pesada, cuyo yugo es ligero; lo único que desea es amor, ese amor que Él exige de parte nuestra, [San Mateo 5: 23-24. Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda] porque el mayor sacrificio que como humanos podemos hacer es ser misericordiosos con los demás, actuando sin interés particular y con la intención de esmerarnos  en perfeccionar nuestra tendencia al mal a través de la practica amorosa; Porque pecadores siempre seremos, el mundo está presto a embaucarnos y empujarnos al camino ancho, pero con la práctica del amor logramos una metamorfosis de lo carnal a lo espiritual [1ª San Pedro 4: 8. Ante todo, tened entre vosotros intenso amor, pues el amor cubre multitud de pecados.].

La oblación nuestra es entregar de lo que tenemos a los demás, y en esa entrega nuestra mirada se volverá con un brillo especial, ya que la limosna que purifica, es aquella que se da separando algo nuestro a lo cual le tenemos apego o necesidad [San Lucas 11:41. Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros.]. No dar lo que sobra, porque si damos sobras entonces tengamos por seguro que la envidia, el rencor, los pensamientos obscenos, la ira, serán de las manifestaciones inmediatas que brotaran de nuestro corazón. [San Mateo 6: 21. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.]

En ocasiones la Santa Palabra se transforma en un estribillo que lo repetimos teóricamente pero no lo ejecutamos v. gr. “dando es como recibimos”, y este lo repetimos pero nada más como un condicionamiento mental, tal y como nos tienen acostumbrados los anuncios publicitarios qué lo que buscan es a través de la repetición espaciada crear un condicionamiento intelectual jugando con las debilidades espirituales del individuo y jerarquizando las necesidades conforme al bombardeo constante de dichos anuncios, en cambio la Santa Palabra la tenemos grabada en la mente pero bloqueado su acceso a la ejecución.

El camino al cielo ha sido allanado por Nuestro Señor, con su sacrificio y entrega nos facilito el camino, ha aligerado la carga y nuestras cruces las ha hecho livianas, pidiendo y solicitando, más que exigiendo y respetando nuestro libre albedrio, un solo acto repetitivo a lo largo de nuestros pensamientos y acciones, el cual es amar sin restricciones. [I Samuel 15:22. Pero Samuel dijo: ¿Acaso se complace Yahveh en los holocaustos y sacrificios como en la obediencia a la palabra de Yahveh? Mejor es obedecer que sacrificar, mejor la docilidad que la grasa de los carneros.]. La hipocresía es una maniobra inteligente de satanás utilizada para nuestra condenación, al manipular nuestras debilidades en ocasiones nos invita a efectuar sacrificios o penitencias que en lugar de vencer la carne nos elevan el ego, ya que, al cruzar la esquina estaremos cayendo en actos de ira, de envidia, de celos, etc. y la penitencia perdió validez. En cambio el actuar pensando que el único juez es Él Señor y que sí Él que es el dueño de todo nos tiene paciencia, ¿porqué no hemos de tenernos paciencia mutuamente en nuestra convivencia?

En nuestros tiempos, al ver que la humanidad ha perdido el interés por la oración y la practicidad ha eliminado la espiritualidad, Él Señor se vale de “almas victimas” que sufriendo penitencia espiritual y corporal, algunas manifestadas con estigmas, cargan sobre su espíritu los pecados de todos nosotros, pero ese tipo de oblación es diferente a un sacrificio de ofrecimiento, son penitencias para mitigar, para digamos desagraviar por el abandono y pedir perdón. La muerte en la Santa Cruz y la sangre derramada es la que limpia nuestros pecados y por nuestra propia decisión aceptamos dicha limpieza; no bajo presión, ni bajo argumentos de mejorar los bienes temporales o terrenales a que aspiramos o deseamos.  [Corintios 13:3. Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha.].

El amor del Señor nos invita a salvarnos, y el amor hacia nuestros prójimos nos empuja a la salvación.

La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros [2ª Corintios 13:13].

Ave María Purísima, Sin Pecado Concebida.
Ave María Purísima, Sin Pecado Concebida.
Ave María Purísima, Sin Pecado Concebida.

Gracias Espíritu Santo.

Amén.

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