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viernes, 30 de enero de 2015

El surco...The Groove





El Surco
[Comentario / Reflexión a  San Marcos 4,26-34]

…Hay que morir para vivir… si el grano de trigo no muere… si no muere solo quedara… pero si muere en abundancia dará un fruto eterno.

El periodo de transmutación para que germine una semilla, el milagro de la vida. El pequeño frijolito (poroto, habichuela, etc.) que colocamos en el bote de vidrio, al botecito le pusimos papel periódico para recubrir sus paredes internas y colocamos la tierra, y por último el frijolito, irrigándolo, que de fruto se transformo en semilla y de semillita con los pocos días asoma la puntita de la planta, hay vida, en abundancia.

Interesante, de fruto a semilla, como ocurre con el maíz, el trigo, etc.  De una utilidad o servicio  que de sus entrañas emerjan, de ser lámpara bajo la mesa a iluminar el campo; de una sola semillita puede brotar un bosque entero, un cerro o colina o un valle copado de plantas.

La tierra, cargada de nutrientes, macro nutrientes, micronutrientes, fertilizada por la misma vida, por la hojas secas, por las lombrices que esparciendo su humus y oxigenando el subsuelo con los canales por donde pasa , comen tierra y al defecarla es transformada en abono, y el agua que purifica y santifica, potente para contribuir con el todo perfectamente equilibrado para que golpeando la cascara de la semillita esta despierte de su letargo vivencial oculto y rompa el esquema de la bolsa que la aprieta y reviente en una maravillosa, inexplicable y poderosa capacidad de transmutar del ser dormido al ser que multiplica su existir. [Sucede tal como la salivita de las abejitas, que engullendo el néctar de las flores la escupen en la colmena para que madure y  ¡¡¡guala!!! surge otro poderoso elemento, la rica y útil miel con sus derivados.]. El efecto misterioso de la atracción se hace presente y así como el planeta tierra con su gravedad atrae a su centro a todo lo que sobre ella existe, también la semillita atrae a todo lo que, quiera o no, le ayudara para que ocurra ese milagro.

El génesis se repite cada instante de la vida, en este universo que pasa desapercibido a nuestros sentidos, ese génesis que crea vida cada segundo, en el que las esporas, el agua, la tierra, los pajaritos, los insectos, el sol, la luna, es decir todos, todos los involucrados sacan de las costillas del suelo la fecundidad de la que, a diferencia de las otras que cayeron en terreno arenoso, o cayeron someramente sin alcanzar la plenitud, se transforma en tallos, ramitas, hojitas, y de nuevo frutos que podrán servir para alimentar momentáneamente o para volver a iniciar el ciclo del génesis, multiplicarse, darse por enteras.

Las plantitas no son egoístas, el fruto de la semilla se da tal cual, sin normas ni reglas que deberán aplicarse: Cuando germinan no saben si las comerá quien las robe, quien las compre, quien las pida regaladas, o marchitas integraran el ciclo de reproducción como abono orgánico.

La creación no es egoísta, porque si el Creador hubiera dado los sentidos humanos a las plantas y animales, estas, las plantitas, serian avariciosas por momentos, tacañas o dadivosas ya sea por misericordia o por interés particular, o dando sin el corazón criticarían lo que dieron como dolidas por su  desprendimiento, limosna que duele. O no fueran disciplinadas en someterse a la exactitud del momento de morir, volver a nacer, crecer, reproducir y darse por enteras, todo en su momento calculado exactamente para que todo ocurra, no con letargos, dudas o inseguridades que alterarían el ciclo completo del universo porque la semilla ya transformada en planta negándose a ser universal, por su vanidad, por orgullo, irrespetaría los demás ciclos de vida de los demás seres de la creación.

En todo este milagroso evento, el de la germinación, juega un papel importante la profundidad del surco.

Un surco muy profundo, ese surco que el devenir de la existencia ha marcado por la profundidad de la materialidad, por la profundidad de lo agnóstico efecto de la poca oración, el surco de la lucha por el sobrevivir a diario, etc.: Esa profundidad del surco que más que un surco profundo es una puerta blindada, impermeabilizada no dispuesta a tan siquiera probar de si es verdad lo que la palabra, constituida por todos los nutrientes y factores que interactúan para que germine, es capaz de lograr que germine, y la profundidad del surco ahoga la palabra, como si cayese por una catarata cuya agua por efecto de la gravedad y del desnivel de la vida, cae golpeándose contra la roca sin lograr salir a la superficie por el remolino de la presión que le impide hacerlo.

Un surco no muy profundo, ese surco que tiene la intención de darle cabida a la palabra, pero todo queda en el dicho y no el hecho, parecemos que amamos al Señor y al prójimo, cumplimos los rituales religiosos, pero no germina, porque la vanidad y sus secuaces los demás terrenales defectos ocultan en el corazón la verdadera razón del comportamiento religioso y no pasa de ahí, no germina lo suficiente y con el tiempo o llegan los pajarillos y la comen, o el sol con la exigencia que incumbe vivir atado a lo espiritual termina por secar el agua del bautismo y seca cede pereciendo espiritualmente a la oportunidad de multiplicar su esencia.

El surco exacto, ese ni muy profundo, ni muy a ras; el surco de la comprensión, del entendimiento, a veces cavado por la experiencias terrenas y las desilusiones de confiar en los falsos lideres ya sean religiosos, políticos o empresariales, otras veces cavado por la necesidad que tenemos los seres humanos de buscar, así como los riachuelos buscan en correría llegar al mar, y esas muchas otras en las que por obra del Espíritu Santo que recibimos en nuestro bautizo y posterior confirmación, vive en el surco del corazón esperando el momento apropiado [Eclesiastés 3:1-8] y en esa fatiga de la lucha del vivir y buscar, vence la fatiga y el grano en el  surco en rodillas suplicantes [Eclesiastés 3:9]  explota, muere y da la vida a la “vida verdadera”, y los condicionantes mentales, la incesante pregunta o cuestionamiento a todo como excusa para evitar ser creyente, en este Génesis, pasan a ser parte del grano muerto y el grano se multiplica en amor hacia el prójimo y como Cristo se inmolo en la Santa Cruz para dar vida nueva al que cree en Él, así somos grano inmolado que multiplica sin egoísmos el génesis de la vida.

Dame de tu semilla.

“-Que los leucocitos no inmunicen
la docilidad de mis latidos.

-En gracia Divina
que mis latidos sean el surco
donde cae tu semilla.

-El abismo de mis surcos
hazlo de la profundidad necesaria
para que mi necedad imaginaria
no haga mutis
cuando reparta tu mano
la esperada semilla.

-Que germine, sin abruptos
sino en terreno llano;
que la maleza de mis deseos
conviértase en fortaleza
en esos momentos difíciles
cuando mi corazón desea
sucumbir a la vil bajeza
de mis carnales instintos.

-Dame un corazón
dispuesto a soportar;
que la ansiedad no le derrote,
mucho menos que el hambre
causada por la derrota o fracasos,
o por confiar en mi prójimo
y frustrarme por su actuar,
sean en su lugar
caridad abonando tu semilla
y aspirar con todo y todo
a la patria celestial.”

Saulo de Tarso
El Salvador
30/Ene/2015

La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros [2ª Corintios 13:13].

Ave María Purísima, Sin Pecado Concebida [San Lucas 1:35]
Ave María Purísima, Sin Pecado Concebida [San Lucas 1:35]
Ave María Purísima, Sin Pecado Concebida [San Lucas 1:35]

Gracias Espíritu Santo

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