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lunes, 5 de enero de 2015

Comentario a la I Epístola de San Juan 3:11-21





Comentario a la Epístola I de San Juan 3:11-21.

Amémonos unos a otros

Fácil hacer el bien, difícil el adquirir la conciencia para hacerlo, no me refiero a la pobre limosna, hacer el bien con pobre limosna eso no es bondad, la bondad abarca el perdón, el perdón no solo es perdonar a los que nos han causado una ofensa, un mal momento, una crítica insana, o qué por ejemplo en nuestro oficio o trabajo por razones indecorosas no es reconocido el buen trabajo; amar al prójimo es una dimensión abarcadora de muchas situaciones y aspectos desde lanzar una pequeña basura en la calle, utilizar de manera inútil el claxon del vehículo, o como peatón ser desconsiderado de los coches que transitan y me cruzo la calle sin precaución, ya no digamos la infidelidad en el matrimonio, el sexo libre, los abortos, el uso de anticonceptivos, etc.

El mundo está falto de amor, y a medida avance el tiempo y se llegue el tiempo de la cosecha la vida será más complicada; en estos tiempos toda conversación o platica ya sea rutinaria, coloquial o de negocios siempre está encausada a criticar (el chambre se disfraza de “comentario”), murmurar o hablar de un tercero que no está presente y por el lado del amor fraterno ya no se diga, (los “valores” le llaman los que no creen en Jesús, no hay valores, solamente hay amor u odio) la comprensión no existe y si existe le llaman “tolerancia” que es un estado sentimental ligado al interés individual y fortalecer el ego y dividir a la sociedad, ocultar el pecado, la blasfemia o la apostasía.

Amar y actuar, porque si amas y no actúas entonces no es amor, solo es fantasía, el amor al prójimo se demuestra con hechos: compartiendo lo que tienes. Si eres pobre comparte tu cariño y la bondad de tus palabras y gestos, si tienes recursos terrenales, pues no le niegues al que te pide, y si no hay quien te pida, pues sal en búsqueda de quien necesite, siempre habrán pobres en la tierra, y con los pobres la posibilidad de que los que tienen ejerciten el Reino de Los Cielos.

El amor debiera ser una obligación para los que son los hijos predilectos de la Santísima Virgen María, los sacerdotes, también para las religiosas ordenadas; no obstante hay personas que dicen que son ateas pero en la vida son amorosos con el prójimo, en realidad, sí existe amor en ellos para con el prójimo, no son ateos, analfabetas del conocer de Dios posiblemente más que ateos.

Amar y acción, la misericordia es un don Divino, la caridad es el mayor de los dones de todos, sino hay caridad que importa lo demás, si tenemos lo demás solamente somos personas vacías, con gozo terrenal, pero sin un futuro en el Reino de Dios, ya lo dice San Pablo en la I de Corintios:
 

1.Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe.
2.Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy.
3.Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha.
4. La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe;
5. es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal;
6. no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad.
7. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta.
8.La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia.
9.  porque parcial es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía.
10. Cuando vendrá lo perfecto, desaparecerá lo parcial.

   

Es difícil en estos tiempos el querer a los demás sin interés de por medio, el vivir así está estructurada basada en lo egocéntrico, pero no por voluntad propia de cada ser sino porque el consumismo nos encamina a lo humano-céntrico y no a lo Cristocentrico,  aprender amar a los demás es una gracia Divina que se logra por medio de la oración constante, permanente, ya que si no hay amor lo que hay es orgullo y vanidad, que son los pecados en los cuales se sustentan los demás pecados que ofenden al Señor.



Por gracia de Dios, dice que la caridad no se acabara nunca, entonces el amor de Dios para con nosotros es interminable y cada momento de nuestra vida es un buen momento para aceptar el cambio y vencer la soberbia que es el principal obstáculo para poner los pies en la tierra y alcanzar el cielo.



Pensar antes de actuar, pensar con el corazón no significa ser sentimentalista, pensar con el corazón es tener temor a Dios que es el principio de la sabiduría.



Amén.

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