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sábado, 7 de febrero de 2015

The fantasy of evolutionary theory





La fantasía de la teoría de la evolución…
[The fantasy of evolutionary theory]
[Comentario / Reflexión al libro del   Génesis 6]

Cuando alguien lucha contra sí mismo, contra sus propios demonios, llega un momento en que  el fomes peccati induce a no creer en lo que supuestamente uno cree, y en esa lucha entre el Yo Humano, el Yo Divino y el yo maligno [el yo concupiscente] surgen preguntas que sino se posee una base solida en la fe puede inducir a la herejía o blasfemar.


No soy un santo, y en esta lucha por lograr que al morir poder ser admitido en la patria celestial, cada momento comento errores que arropados bajo la denominación de “errores cometidos inconscientemente” suscitan la tibieza de espíritu, ningún error o pecado es bajo la inconsciencia lo cual es una mentira propuesta por mi orgullo para permitir que la carne domine al espíritu, y confundirme; pues bien puedo declarar que cuando le he preguntado al Señor algún asunto [y creo que hay muchos que también reciben respuesta a sus dudas y creo que hay gente bendecida con la gracia Divina de recibir mensajes directamente de nuestra Santísima Madre y Él Señor] Él me responde [San Mateo 7:7] bien depositando la respuesta directamente en mi corazón, o alguna vez a través de la homilía,  o poniendo ante mis ojos algún documento que me ayude a discernir y reflexionar sobre la duda. En esta lucha puedo asegurar que más de alguna vez me he rebelado contra Él y le he cuestionado, no de buenas maneras, incluso blasfemando quizá o siendo sacrílego al osar hablarle de tú a tú y discutirle asuntos tales como  porque unos ricos y otros pobres, porque no se nos revela al nacer el motivo del vivir sino que nos deja a que la cultura y educación de las personas con las que conviviremos nos eduquen en la fe, también le he cuestionado porque si los sacerdotes son hijos predilectos porque ellos son acomodados y faltos de fe para ejercer los sacramentos de sanación, que porque algunos son seleccionados para ser santos y otros no recibimos esa gracia aún solicitándola  y muchos otros asuntos más, y así en esa lucha entre mi Yo Humano y el Yo Divino, influenciado por mi yo concupiscente,  anoche tuve un enojo y en ese enojo le reclamaba sobre la teoría de la evolución y cómo hacer para sostener la fe cuando satanás es listo para confundir a todo mundo y en especial como entender ese asunto para mi, para solidificar mi entendimiento, y esta mañana puso esta información que me aparece en otro blog, así que decidí compartirlo con las pocas personas que leen mi blogger.



“Aquéllos que ya no eran hijos de Dios, por cuanto con su padre y como él se alejaron de Dios para acoger a Satanás, se abalanzaron a lo ilícito, degradante y bestial, llegando a tener monstruos por hijos e hijas. Son los monstruos que ahora llaman la atención de vuestros científicos induciéndoles a error. Los monstruos que, por el poderío de sus formas, su salvaje belleza y su ardor bestial, frutos de la unión de Caín con los brutos y de los brutísimos hijos de Caín con las fieras, sedujeron a los hijos de Dios, es decir a los descendientes de Set por Enós, Quenan, Mahalalel, Yéred, Hénoc de Yéred – no confundir con el Henoc de Caín – Matusalén, Lamek y Noé, padre de Sem, Cam y Jafet.” “Fue entonces cuando Dios, para impedir que la rama de los hijos de Dios se corrompiese del todo con la de los hijos de los hombres, mandó el diluvio universal para sofocar bajo el peso de las aguas la libídine de los hombres y para destruir los monstruos engendrados por la lujuria de los sin Dios, insaciables en su sensualidad al hallarse abrasados por el fuego de Satanás.”

Si el hombre procede del mono, el cual, mediante una evolución progresiva alcanzó a ser hombre ¿cómo nunca, en tantos años como hace que mantenéis esta teoría, jamás habéis conseguido, ni aun con los instrumentos tan perfeccionados y métodos de que disponéis ahora, llegar a hacer de un mono un hombre? Podríais tomar de una pareja de monos inteligentes a sus hijos más inteligentes y después a los hijos inteligentes de éstos y así sucesivamente. De este modo vendríais a contar con muchas generaciones de monos seleccionados, instruidos, tratados con el más paciente, tenaz y sagaz método científico. Pero lo que siempre tendríais sería monos. Y, si acaso llegarais a obtener alguna mutación, sería ésta: que los animales serían físicamente menos fuertes y más viciosos moralmente que los primeros ya que, con todos vuestros métodos e instrumentos, no habríais hecho sino destruir aquella perfección simiesca con que mi Padre, al crearlos, dotó a estos cuadrumanos.

Una nueva pregunta: Si el hombre procede del mono, ¿cómo el hombre, nunca hasta ahora, ni aun con inoculaciones y repugnantes cruces, se ha transformado en mono? Seríais incluso capaces de intentar estas aberraciones si supierais que con ellas habíais de poder confirmar vuestra teoría. Más no lo hacéis porque sabéis que no lograríais hacer del hombre un mono. Haríais acaso de él un horripilante hijo del hombre, un degenerado, un delincuente tal vez; pero jamás un mono verdadero. No lo intentáis porque de antemano sabéis que no tendríais éxito y que con ello desmerecería vuestra reputación.

Por eso no lo hacéis, no por otra causa. Porque, con tal de mantener una tesis, no sentís vosotros remordimiento ni repugnancia alguna en rebajar al hombre al nivel de los brutos. Sois capaces de esto y de mucho más. Y sois ya vosotros brutos ya que negáis a Dios y matáis el espíritu que os diferencia de los brutos.”

“Vuestra ciencia me causa horror. Envilecéis vuestro entendimiento y sois tan faltos de sentido que ni os dais cuenta de ello. En verdad os digo que muchos salvajes son harto más hombres que vosotros.”

La teoría de la evolución, que haría proceder al hombre del mono, plantea muchos interrogantes unos desde la razón y otros desde la fe:

Desde la razón: Los seres humanos participan de una herencia genética fundamental común, lo que hace pensar en un antepasado común del que han heredado dichas características genéticas. Si el hombre hubiera venido a la luz por evolución espontánea de diversos cuadrumanos, lo lógico es que esa evolución hubiera dado nacimiento a diversos primeros hombres, sin que tuvieran una herencia cromosómica fundamental común. El hecho de que pueda hablarse de una primera pareja humana única (con pequeñas diferencias raciales que pueden explicarse por el influjo del medio ambiente) habla en favor de lo que relata la Biblia – la aparición de una única pareja – y para hacerlo compatible con la teoría evolucionista difícilmente podría hacerse sin admitir una intervención de Dios (en el que muchos evolucionistas no creen).

Por otra parte también desde la razón, ¿cómo es posible que de un ser sin razón surja un ser con inteligencia y conciencia, que de un mono salga un hombre? Frente a este interrogante se hace precisa una vez más la intervención de Dios que insuflaría un alma en el bruto, pero Dios también puede hacerlo sin pasar por el bruto, puede hacerlo directamente sobre un poco de barro como leemos en el Génesis. Lo que no se puede admitir es que por generación espontánea de algo carente de una cualidad (del animal sin inteligencia) surja algo con esa cualidad (el hombre inteligente y consciente): no es posible que de lo menos surja lo más, que de la nada relativa surja el ser más perfecto, tal y como sostienen los evolucionistas ateos.

Y por otra parte surgen interrogantes desde la Fe: En primer lugar, la teoría de la evolución afirma que el hombre primitivo era menos perfecto que el actual. Y en cambio la Fe nos dice que los primeros hombres, Adán y Eva gozaban de un estado, el de justicia original, que los hacía inmunes al sufrimiento y a la muerte, estaban libres de la concupiscencia, por lo que tenían un perfecto dominio de sí mismos y una inteligencia luminosa. Así leemos en el Catecismo (universal) de la Iglesia Católica, nº 376: “Por la irradiación de esta gracia (de la gracia de la santidad original), todas las dimensiones de la vida del hombre estaban fortalecidas. Mientras permaneciese en la intimidad divina el hombre no debía ni morir (cf Gn 2, 17;3, 19) ni sufrir (cf Gn 3, 16).”

Así pues, el primer hombre era mucho más perfecto en el orden natural y en el sobrenatural que el hombre actual, lo que choca frontalmente con la teoría de la evolución que supone al primer hombre un casi animal.

En segundo lugar, la Fe nos dice que el hombre está formado, se compone, de cuerpo y alma: Si el cuerpo no fue creado directamente por Dios, sino que procede de la evolución de algunos animales, como sostiene la teoría evolucionista, ¿entonces cuándo fue creada el alma y superpuesta al cuerpo de un hasta entonces solo animal? ¿Es esto creíble y conveniente?

“¿Cuándo y cómo habría el hombre de recibir el alma si fuese el producto último de una evolución de seres brutos? ¿Es imaginable siquiera que los brutos hayan recibido, junto con su vida animal, el alma espiritual, el alma inmortal, el alma inteligente, el alma libre? Sólo el pensarlo es una blasfemia. ¿Cómo entonces podían transmitir lo que no tenían? Y ¿podía Dios ofenderse a Sí mismo infundiendo el alma espiritual, su soplo divino, en un animal, todo lo evolucionado que se quiera pensar pero siempre procedente de una dilatada procreación de brutos? Pensar esto es también ofender al Señor”.

Por último, la Fe nos enseña que Adán y Eva pecaron y que nos transmiten desde entonces el “Pecado Original”,[“pecado” de manera análoga: es un pecado “contraído”, “no cometido”, un estado y no un acto,( cf Catecismo Universal nº 404)]. Ahora bien, si este pecado cometido en el origen por nuestros primeros padres es transmitido a todos los hombres, a todos los descendientes de Adán (cf Catecismo Universal, nº 404), ello quiere decir que hubo una única pareja primera de hombres, y no varias como sería lo natural pensar si se admite la teoría de la evolución.

Hay pues muchos motivos de razón y de fe para rechazar, considerándola una fábula sin base científica ni de fe, la teoría de la evolución.

“Y el hombre, el hombre actual, desatina con las líneas somáticas y los ángulos cigomáticos. Y, no queriendo admitir un Creador al ser excesivamente soberbio para reconocer el haber sido hecho, admite la descendencia de los brutos para así poder decir: “Nos hemos valido solos evolucionando de animales a hombres”. El hombre se degrada, se autodegrada por no querer humillarse ante Dios. Y desciende. ¡Vaya si desciende!…”

Es decir que los esqueletos que se han encontrado de hombres que la teoría de la evolución llama hombres monos, no son sino restos de los hombres degenerados que perecieron con el Diluvio.

La hipótesis de la evolución no sería sino una fábula grata a los oídos de quienes gustan de prescindir de Dios, o no negando la existencia de Dios, quizá para rendir tributo a una seudociencia que creen sin discutir, caen en concebir un Dios al que es difícil crear al hombre de la nada e inmediatamente.

“No hubo autogénesis ni evolución, sino Creación querida por el Creador. Esa razón, de la que tan orgullosos estáis, os debería hacer ver que de la nada no se forma una cosa inicial y que de una cosa única e inicial no puede derivarse el todo.

Sólo Dios puede ordenar el caos y poblarlo con las innumerables criaturas que integran el Universo. Y este Creador potentísimo no tuvo límites en su crear, que fue múltiple, como tampoco lo tuvo en producir criaturas perfectas, cada una con la perfección adecuada al fin para el que fue creada. Es de necios pensar que Dios, al querer para Sí un Universo, hubiera creado cosas informes, habiendo de esperar a ser por ellas glorificado a cuando cada una de las criaturas y todas ellas alcanzase, a través de sucesivas evoluciones, la perfección de su naturaleza, de modo que fuesen aptas para el fin natural o sobrenatural para el que fueron creadas”.

Taken from María Valtorta mystic messages.

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