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martes, 3 de febrero de 2015

Talitá kum (I say unto thee, arise.) (A ti te digo: levántate.)



 Talitá kum
(I say unto thee, arise.)
[Reflexión / Comentario a  San Marcos 5,21-43.]

[40. Y se burlaban de él. Pero él después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña.]

A ti te digo Levántate le dice Él Señor; y los que no le creían tuvieron y tienen que retractarse, porque ante los hechos, ante la evidencia no hay espacio para la duda. Ver, oír, palpar y demás sentidos dando testimonio del milagro.

Igual les sucede a los apóstoles cuando Él pregunta ¿Quién me ha tocado?, hay duda, cuestionamiento, contrariedad porque habiendo visto obrar los milagros aún le dan una categoría más humana que Divina y ante el hecho ellos, los apóstoles, se dan cuenta de su portento.

¿Por qué perdí la voluntad de orar, en las buenas y las malas?

La fuente de agua viva que refresca el fuego que quema con las angustias es la oración, después de caminar los ciento cincuenta peldaños que me llevan a la ciudad Santa, a la Nueva Jerusalén, el Espíritu entra en un descanso que libera la presión de las obligaciones terrenales y nos coloca en un estado de espera tranquilizada.

Y cuando en el recorrer de esos ciento cincuenta peldaños con mi boca rezo pero en mi mente está la suplica del auxilio de los asuntos en los que deseo me socorras, ya nos ha ocurrido en varias ocasiones, que al terminar los peldaños el auxilio se hace presente y tu bondad de Madre se derrama sobre los sufridos corazones.

La voluntad de orar es una gracia, es una gracia que solamente uno mismo puede dar su consentimiento para activarla o perderla, la santidad es efecto de la practica constante de la oración, con ella inicia el cambio en todos los aspectos que nos atan al mundo;  es cierto, no somos San Pablo que siendo Saulo de Tarso [Hechos 9:4-5] tuvo la dicha de ser convertido en un santiamén, nuestro caminar es más largo, caídas, levantarse, retirarse y volver, de ahí que las practicas de ayuno y penitencia son claves para dominar esa poca o nula voluntad que tenemos de rezar u orar, y dominada la carne se hace dócil el Espíritu y quien logra esta práctica se santifica adorando al Señor no por temor a un castigo, sino que por amor a Él.

Muchos de nosotros hemos estado o estamos siendo probados en la fe, ya sea porque tenemos algún familiar enfermo, porque el ingreso económico me impide lidiar con el consumo del mundo y estoy con deudas, porque sufro la desunión familiar, porque estoy en la cárcel, porque me dedico a prácticas esotéricas y de nueva era, porque participo en grupos religiosos laicos en la iglesia pero no en fe sino qué como una especie de club social que me ayuda a divagarme del mundo, porque estamos desempleados algunos porque fuimos despedidos y otros porque renunciamos a nuestro buen empleo con la confianza puesta en Él Señor, y así tantas pruebas, que sí de las pruebas tuviéramos que hacer moldes ya estaría el mundo saturados de tanto molde, en el diario vivir la prueba en la fe es constante en lo que respecta a los bienes temporales, pero la prueba verdadera en la fe es en Él Espíritu, ya que las pruebas por carencia de bienes temporales tarde o temprano se superan, pero las pruebas en lo espiritual nos pueden condenar eternamente; y estas van  desde un simple comentario que vierto en alguna red social criticando tal o cual asunto hasta el acto más vil o de apostasía contra el Cuerpo de Cristo o contra de Él Espíritu Santo; no vivimos en santidad, el mundo , satanás se encarga con el apoyo de los falsos sacerdotes o líderes espirituales de confundirnos en las practicas de fe y hacernos percibir que hemos venido al mundo a vivir en un paraíso en el que todo se nos perdona y que la vida eterna ya la tenemos ganada.

La oración es un paso que, cuando estamos en tribulación y no recibimos la respuesta a nuestros ruegos y suplicas, pesa como una tonelada de acero sobre nuestras espaldas, el crisol en el que nos prueba Él Señor [1 San Pedro 1:6-7 Por lo cual rebosáis de alegría, aunque sea preciso que todavía por algún tiempo seáis afligidos con diversas pruebas, a fin de que la calidad probada de vuestra fe, más preciosa que el oro perecedero que es probado por el fuego, se convierta en motivo de alabanza, de gloria y de honor, en la Revelación de Jesucristo.] es la tenacidad, la perseverancia que tengamos en la permanente oración la que empujara al corazón a estar dispuesto a decir “si creo” y con la voluntad viene la sanación espiritual.[San Mateo 26: 41. Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil.»]

A ti te digo: levántate. Él Señor nos pide levantarnos en acción, todo cambio en el corazón se percibe en la acción, ser prontos para atender todos los asuntos de nuestras vidas en los que los semejantes nos solicitan, si somos trabajadores o empleados hacer las tareas que estamos obligados a ejecutar con la diligencia y entrega como si fuese al Señor a quien le servimos sin fijarnos en el estatus o posición social o laboral del que nos solicita o a quien le servimos, igual si somos dirigentes, gerentes, líderes de cualquier naturaleza, ser amorosos con todos los “pequeños”  que tenemos bajo nuestra responsabilidad.

Deje de orar porque permití que el juicio personal privara sobre el juicio Divino, deje de orar cuando permití que mi vida fuera gobernada por mí mismo y no entregársela al Señor para que Él dispusiera de mí, deje de orar porque me sometí al ritmo de vida del mundo sin considerar que este mundo es pasajero y dejándome llevar por ese juicio terrenal mi espíritu se enfrió y las trampas de la modernidad religiosa me atraparon conformándome con cumplir con los ritos, recibiendo lo que dan los pastores, desde la santa sede,  sin considerar que eso lo que prodigan ellos ha sido adaptado al tolerante mundo para ser felices en el mundo y no felices en Él Señor para la eternidad.



A ti te digo: Levántate, busca la verdadera santidad en vida para gozar la santidad en la vida eterna, no la santidad que da el mundo con los títulos o denominaciones, que aunque digan que son manifestaciones del Espíritu Santo, no dejan de ser juicios políticos para ganar adeptos, ser show-man mediáticos  y dormir en la carne la voluntad espiritual de los pobres de voluntad o para satisfacción de los que buscan vengarse de los que hicieron mártires a los santos. [San Mateo 6: 1. «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial.] Es preferible ser un santo reconocido por el  Cielo y no un santo reconocido por autoridad religiosa humana que está contaminada confundiendo a las ovejas que están habidas del conocimiento.

A ti te digo: Levantémonos y salgamos del letargo espiritual, escudriñemos las escrituras y recemos el Santo Rosario, para pedir luz en estos tiempos en que la homilía de los pastores está impregnada de confusión y tolerancia.

La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros [2ª Corintios 13:13].

Ave María Purísima, Sin Pecado Concebida [San Lucas 1:35]
Ave María Purísima, Sin Pecado Concebida [San Lucas 1:35]
Ave María Purísima, Sin Pecado Concebida [San Lucas 1:35]

Gracias Espíritu Santo



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