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domingo, 3 de enero de 2016

Preparation for Epiphany




Preparación a la Epifanía
02/01/2016


por Meditación del día
Padre Alonso de Andrade, S.J


Dice el sagrado Evangelio: naciendo Cristo vinieron los sabios de Oriente a adorarle, guiados por  una estrella. Se turbó el rey Herodes, y con él toda su corte. Llamó a sus consejeros, y por su orden los envió a Belén.  Se les apareció la estrella que habían visto en el Oriente con sumo gozo de sus almas, llegaron y adoraron a Jesús. Le ofrecieron  sus dones, y teniendo aviso del cielo, volvieron por otro camino a su tierra.

PUNTO PRIMERO. Considera cómo llamó Dios a reconocer a su Hijo a los ángeles y pastores, y después a los reyes y sabios, a Ana profetisa y a Simeón sacerdote, y trayendo gentes de todo tipo a adorar a Cristo, porque nace como el sol que es igual para todos, y a todos llama. A  ti también te llama, para venir a su servicio, sin que tengas excusas por pobre o rico, por noble o plebeyo, por seglar o eclesiástico; a todos llama, para todos nace, no rehúses tú de buscarlo y servirlo, sino que con toda diligencia ofrécete a su servicio.

PUNTO II. Considera cómo llamó a estos reyes por medio de una estrella, y a la primera  luz de sus rayos se resolvieren a dejar sus tierras, vasallos, riquezas y comodidades, y tomar tan largo y trabajoso camino, para venir a adorar a Cristo, y  a ofrecerse a su servicio. Aprende de su fervorosa obediencia a venir a Cristo, ya a buscarlo a costa de cualquiera trabajo, luego que te llamare por medio de la estrella de su inspiración, y a la primera luz que te diere de su santa vocación. Mete la mano en tu pecho, y considera cuántas veces te ha llamado, y cuántas le has resistido, haciéndote sordo a su voz. Avergüénzate de que los gentiles te llevan la ventaja en responderle y servirle, y no seas remolón, sino que  pronto y rendido, dile con Samuel: Habla, Señor que tu siervo oye. Y con San Pablo. Señor, ¿qué queréis que haga? Aquí me ofrezco todo a tu servicio y por esclavo tuyo.

PUNTO III. Considera, que llegando a Jerusalén, corte del Rey Herodes desapareció la estrella, y saliendo, se les volvió a aparecer y los guió hasta llevarlos a la presencia de Cristo. Porque la luz del Cielo, y las inspiraciones de Dios desaparecen del alma con el bullicio de la corte, y se recuperan fuera de ella en la soledad y retiro de los negocios seglares. En las cortes de los reyes, en sus palacios y en el trato de sus cortesanos se pierde la devoción y la luz que rompe las tinieblas del engaño, para buscar a Cristo. Y fuera de ellos se halla en la soledad y silencio en el recogimiento y oración retirada con Dios. Pídete cuentas a ti mismo, y mira desapasionadamente cuantas veces has perdido la paz de tu alma y la luz que desengaña; y los buenos propósitos y la estrella del conocimiento de Dios y del aprecio de los bienes eternos que te guiaban al cielo, por entrar en la corte y en la frecuencia de los pueblos y en los negocios del siglo. Y pues el remedio está en huir de ellos, resuélvete con estos santos reyes a salir de los tráfagos y bullicios del mundo, y a dejar todos los negocios seculares y retirarte a procurar el negocio que más te importa que lo es el de tu salvación. Hallarás la estrella de la devoción y la luz que rompe las tinieblas, que  te llevará a la presencia del Señor, hasta unirte con él. Finalmente, pídele gracias para alcanzar este favor y fuerzas para ejecutar este consejo tan útil para tu alma.

PUNTO IV. Considera en aquel dichoso portal a Cristo niño en manos de la Santísima Virgen y en compañía de San José, y a los santos reyes, arrodillados a sus pies, adorándole como a Dios y ofreciéndole sus dones. Entra con la meditación en sus corazones, y contempla el gozo que tendrían cuando después de tan largo y trabajoso camino, hallaron la joya que buscaban y vieron con sus ojos al Deseado de los Siglos. No se hartarían de mirarlo, y estarían bañados en un mar inmenso de alegría ofrecerían a Cristo sus dones y mucho más sus corazones para servirle eternamente, y el Señor les retornaría millares de gracias y favores, enriqueciéndoles de fe, esperanza, caridad, fortaleza, luz y sabiduría celestial, conocimiento y aprecio de los bienes eternos, y desprecio de los temporales, y un celo ardiente de traer todo el mundo al conocimiento y servicio de Cristo. Oye con atención los coloquios que tendrían con la Santísima Virgen, y con el glorioso san José los días que allí estuvieron, y saca de estos panales dulce miel de devoción para tu alma. Reconoce cuánto importa seguir la estrella de la santa inspiración para venir a Cristo y el gozo sobre todo gozo que reciben los que de corazón se entregan a su servicio y colmo de todas las virtudes, y ofrécele tu corazón con estos Santos Reyes y cuanto posees y tienes, y recibirás un galardón eterno.

Padre Alonso de Andrade, S.J


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