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viernes, 1 de julio de 2016

El examen de los pecados veniales de San Antonio María Claret




El examen de los pecados veniales de San Antonio María Claret

El alma debe evitar todos los pecados veniales, especialmente los que abren camino al pecado grave. Oh alma mía, no basta desear firmemente, antes sufrir la muerte que cometer un pecado grave.

Es necesario tener resolución semejante, en relación al pecado venial. Quién no encuentra en sí esta voluntad, no puede sentirse seguro.

No hay nada que nos pueda dar tal certeza de salvación eterna de que una preocupación constante en evitar el pecado venial, por insignificante que sea, y un celo decidido y general, que alcance todas las prácticas de la vida espiritual, celo en la oración y en las relaciones con Dios, celo en la mortificación y en la negación de los apetitos, celo en obedecer y en renunciar a la propia voluntad, celo en el amor de Dios y del prójimo. Para alcanzar este celo y conservarlo, debemos querer firmemente evitar siempre los pecados veniales, especialmente los siguientes:

1. El pecado de dar entrada en el corazón, cualquier sospecha no razonable u opinión injusta respecto al prójimo.

2. El pecado de iniciar una conversación sobre los defectos del otro ó de faltar a la caridad de cualquier otra manera, aunque sea levemente.

3. El pecado de omitir, por pereza, nuestras prácticas espirituales ó de cumplirlas con negligencia voluntaria.

4. El pecado de mantener un afecto desordenado por alguien.

5. El pecado de tener demasiada autoestima por sí mismo ó de demostrar satisfacción vana, por cosas que nos dicen al respecto.

6. El pecado de recibir los Santos Sacramentos de forma descuidada, con distracciones y otras irreverencias y sin preparación seria.

7. Impaciencia. Resentimiento, rechazo en aceptar decepciones, como venidas de la  Mano de Dios, porque esto pone obstáculos en los caminos de los decretos y disposiciones de la divina Providencia, en cuanto a nosotros.

8. El pecado de proporcionarnos una ocasión que pueda, aunque remotamente, manchar una condición inmaculada de la santa pureza.

9. El pecado de esconder a propósito nuestras malas inclinaciones, flaquezas y mortificaciones auto impuestas, de quién debería saber de ellas, queriendo seguir el camino de la virtud, de acuerdo con los caprichos individuales y no según la dirección de la obediencia. (Nota: Hablase aquí de situaciones en que encontramos aconsejamiento digno, si lo buscamos, pero nosotros, a pesar de eso, preferimos seguir nuestras propias luces, no obstante flojas).

Oración para una buena confesión:

Mi Dios, por causa de mis pecados graves, crucifiqué de nuevo a tu Divino Hijo y me burlé de Él. Por esto soy merecedor de vuestra cólera y me expongo al fuego del infierno. Y cuánto fui ingrato con voz, mi Padre del Cielo, que me creaste de la nada, me redimiste por la preciosísima sangre de Vuestro Hijo y me santificaste por Vuestros santos Sacramentos y por el Espíritu Santo. Más Vos me salvaste por Vuestra misericordia, para que yo pudiese hacer esta confesión. Recibidme, pues, como Vuestro hijo pródigo y dadme la gracia de una buena confesión, para que pueda recomenzar a amaros de todo corazón y toda mi alma y para que pueda, a partir de ahora, cumplir Vuestros Mandamientos y sufrir con paciencia, los castigos temporales, que puedan caer sobre mí. Espero, por Vuestra bondad y poder, obtener la vida eterna en el Paraíso. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

Nota final

Acuérdese de confesar los pecados, con arrepentimiento sobrenatural, teniendo una resolución firme de no volver a pecar y de evitar situaciones que lleven al pecado. Pida a su confesor, que lo ayude a superar, alguna dificultad que tenga en hacer una buena confesión. Cumpla prontamente su penitencia.

Acto de contrición

Dios mío, porque sois infinitamente bueno y Os amo de todo corazón, me pesa de haberte ofendido y con el auxilio de Vuestra Divina Gracia, propongo firmemente enmendarme y nunca más Volveros a ofender. Pido y espero, el perdón de mis culpas, por Vuestra infinita misericordia. Amén.

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