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sábado, 4 de junio de 2016

EL ESPÍRITU EN NUESTROS CORAZONES SEGÚN SAN PABLO




EL ESPÍRITU EN NUESTROS CORAZONES
SEGÚN SAN PABLO
Benedicto XVI, Catequesis del 15 de noviembre de 2006

Queridos hermanos y hermanas:

San Pablo en sus cartas no se limita a ilustrar la dimensión dinámica y operativa de la tercera Persona de la santísima Trinidad, sino que analiza también su presencia en la vida del cristiano, cuya identidad queda marcada por él. Es decir, san Pablo reflexiona sobre el Espíritu mostrando su influjo no solamente sobre el actuar del cristiano sino también sobre su ser. En efecto, dice que el Espíritu de Dios habita en nosotros (cf. Rm 8,9; 1 Co 3,16) y que «Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo» (Ga 4,6).

Por tanto, para san Pablo el Espíritu nos penetra hasta lo más profundo de nuestro ser. A este propósito escribe estas importantes palabras: «La ley del Espíritu que da la vida en Cristo Jesús te liberó de la ley del pecado y de la muerte. (...) Pues no recibisteis un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre!» (Rm 8, 2. 15), dado que somos hijos, podemos llamar «Padre» a Dios.

Así pues, se ve claramente que el cristiano, incluso antes de actuar, ya posee una interioridad rica y fecunda, que le ha sido donada en los sacramentos del Bautismo y la Confirmación, una interioridad que lo sitúa en una relación objetiva y original de filiación con respecto a Dios. Nuestra gran dignidad consiste precisamente en que no sólo somos imagen, sino también hijos de Dios. Y esto es una invitación a vivir nuestra filiación, a tomar cada vez mayor conciencia de que somos hijos adoptivos en la gran familia de Dios. Es una invitación a transformar este don objetivo en una realidad subjetiva, decisiva para nuestro pensar, para nuestro actuar, para nuestro ser. Dios nos considera hijos suyos, pues nos ha elevado a una dignidad semejante, aunque no igual, a la de Jesús mismo, el único Hijo verdadero en sentido pleno. En él se nos da o se nos restituye la condición filial y la libertad confiada en relación con el Padre.

De este modo descubrimos que para el cristiano el Espíritu ya no es sólo el «Espíritu de Dios», como se dice normalmente en el Antiguo Testamento y como se sigue repitiendo en el lenguaje cristiano (cf. Gn 41,38; Ex 31,3; 1 Co 2,11-12; Flp 3,3; etc.). Y tampoco es sólo un «Espíritu Santo» entendido genéricamente, según la manera de expresarse del Antiguo Testamento (cf. Is 63,10-11; Sal 51,13), y del mismo judaísmo en sus escritos (cf. Qumrán, rabinismo). Es específica de la fe cristiana la convicción de que el Señor resucitado, el cual se ha convertido él mismo en «Espíritu que da vida» (1 Co 15,45), nos da una participación original de este Espíritu.

Precisamente por este motivo san Pablo habla directamente del «Espíritu de Cristo» (Rm 8,9), del «Espíritu del Hijo» (Ga 4,6) o del «Espíritu de Jesucristo» (Flp 1,19). Es como si quisiera decir que no sólo Dios Padre es visible en el Hijo (cf. Jn 14,9), sino que también el Espíritu de Dios se manifiesta en la vida y en la acción del Señor crucificado y resucitado.

San Pablo nos enseña también otra cosa importante: dice que no puede haber auténtica oración sin la presencia del Espíritu en nosotros. En efecto, escribe: «El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene -realmente no sabemos hablar con Dios-; mas el Espíritu mismo intercede continuamente por nosotros con gemidos inefables, y el que escruta los corazones conoce cuál es la aspiración del Espíritu, y que su intercesión a favor de los santos es según Dios» (Rm 8,26-27). Es como decir que el Espíritu Santo, o sea, el Espíritu del Padre y del Hijo, es ya como el alma de nuestra alma, la parte más secreta de nuestro ser, de la que se eleva incesantemente hacia Dios un movimiento de oración, cuyos términos no podemos ni siquiera precisar.

En efecto, el Espíritu, siempre activo en nosotros, suple nuestras carencias y ofrece al Padre nuestra adoración, junto con nuestras aspiraciones más profundas. Obviamente esto exige un nivel de gran comunión vital con el Espíritu. Es una invitación a ser cada vez más sensibles, más atentos a esta presencia del Espíritu en nosotros, a transformarla en oración, a experimentar esta presencia y a aprender así a orar, a hablar con el Padre como hijos en el Espíritu Santo.

Hay, además, otro aspecto típico del Espíritu que nos enseña san Pablo: su relación con el amor. El Apóstol escribe: «La esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Rm 5,5).

Tomado de: http://www.franciscanos.org


El Aviso no esta lejano (mensaje de la Santisima Virgen Maria a Luz de Maria) (Junio 3-2016)


MENSAJE DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
A SU AMADA HIJA LUZ DE MARÍA
3 DE JUNIO DEL 2016

Amados hijos de Mi Corazón Inmaculado:

LES BENDIGO.

El reloj continúa marcando el tiempo, y la humanidad se sujeta al tiempo. Piensa constantemente en el tiempo, y en cómo distribuirlo para que los compromisos del día entren en el esquema que el hombre ha marcado para el día a día de su vida. Ya el tiempo no es tiempo, pero esto lo obvian los seres humanos.

Amados hijos de Mi Corazón Inmaculado, viven en el tiempo de ustedes, en el que cada uno se fabrica para sus planes y proyectos en la vida. El tiempo dejó de ser tiempo. Una y otra vez les hemos reiterado que dentro del tiempo de Dios, el espacio llamado tiempo, ha dejado de ser tiempo. Ha pasado a ser instante, que es en el que viven: el instante de los instantes, en donde el tiempo humano transcurre entre el día y la noche, pero dentro del instante del Universo, es un breve y fugaz destello de luz. De ahí la importancia de la consciencia del hombre a cada Palabra que por el Espíritu Santo les es dada.

EL HOMBRE POR SÍ SOLO NO ES CAPAZ DE COMPRENDER LA URGENCIA DE LOS LLAMADOS DIVINOS. ENTONCES DEBO MENCIONARLES QUE USTEDES TIENEN QUE DIRIGIR LOS SENTIDOS HACIA LA VERDAD, ENCAUSAR EL PENSAMIENTO PARA QUE LA MENTE SE CENTRE EN DIOS, Y POR ENDE, TIENDAN HACIA LA SALVACIÓN DEL ALMA.

El alma se mantiene en constante contacto con la Trinidad Sacrosanta, y el Espíritu Santo a través del espíritu del hombre, Le comunica con la Voluntad de Dios. Por esto, llamo al Pueblo de Mi Hijo para que reaccione y no se involucre en la mediocridad de los bajos instintos.

Hijos:

Los gobernantes, en su gran mayoría, no desean dejar sus lugares de prominencia, alertados como lo están de cuanto llega a la humanidad, desean conservar el poder.

La tierra es un lugar bello. El hombre en este instante lo ha transformado en la vergüenza del universo. El hombre se ha salido de sí mismo, de su cordura, sin ser consciente de su conducta, a olvidado el valor de su alma y no acata Nuestro llamado, para que obre y actúe a la manera Divina.

Amados hijos de Mi Corazón Inmaculado, la destrucción llega tanto para los pueblos pequeños como para las grandes Naciones.

Los hombres no desean atender de ninguna forma, solo les puedo decir que tanto la Oración como la Penitencia y el Sacrificio son sumamente indispensables en el obrar y actuar de este instante crucial para la salvación de las almas.

El pecado mantiene al hombre en una gran oscuridad que le ciega y le nubla el pensamiento, no le da tregua y por eso comete actos impensables.

Con gran tristeza en Mi Corazón reitero, que la desobediencia hacia los Preceptos Divinos desea aprisionar la Justicia para que la injusticia sea una práctica cotidiana.

Oren hijos Míos, oren, un asteroide es dividido por el hombre, pero una parte de gran tamaño cae en el mar, siendo causa de terror y de temor para la Humanidad, mientras otros fragmentos penetrarán en tierra.

LA HUMANIDAD ESTÁ SUMIDA EN EL CAOS SIN QUE LO MIREN A LA LUZ DE LA VERDAD.

La iniquidad de los malvados está confundiendo a Mis Hijos, sin que estos logren salir de los tentáculos colmados de mentira y error. Ya lo había anunciado Mi Hijo, caminarán sobre la maldad mirándola como bien.

Amados hijos de Mi Corazón Inmaculado:

El demonio se encuentra gravitando al lado de cada uno de ustedes para que tengan tropiezos y desestimen esta realidad. De esta manera son presa fácil del mal y por ende, accionan a favor del mal mediante el mal proceder, dando muerte a los inocentes e indefensos, mirando en todo hermano un sospechoso, y como salvajes, luchando unos contra otros.

El Aviso es una gran verdad revelada para que se preparen… Todos se sienten preparados, pero no es cierto, mientras no dejen de enlodar el alma y los sentidos espirituales con el pecado diario. ESTE INSTANTE ES PARA QUE ASCIENDAN EN EL ESPÍRITU, PARA QUE SE ADENTREN EN LA SAGRADA ESCRITURA Y SEAN CUMPLIDORES DE LA VOLUNTAD DIVINA EN LOS MANDAMIENTOS, SACRAMENTOS, Y DEMÁS... PERO SOBRE TODO EN LA LEY DEL AMOR.

Oren hijos Míos, el pecado de esta generación que es azote de los hermanos, desangra a la Humanidad con tanta blasfemia, lujuria, impiedad, y demás pecados; se encuentra manchada de sangre humana. Esta sangre atrae sobre la Tierra la purificación por lo cual las enfermedades que padecerán no han sido vividas anteriormente, y solo con los medicamentos que Yo les he dado y les haré llegar en Mis Llamados, lograrán ser sanos.

HIJOS DE MI CORAZÓN INMACULADO, VERÁN EN EL CIELO GRANDES SEÑALES, GRANDES SEÑALES QUE NO HAN VISTO JAMÁS Y ÉSTAS SE DARÁN UNA TRAS OTRA.

Descubrirán que la Tierra no solo invierte los polos, sino que se abalanza contra el mismo hombre, y los animales y las plantas han mutado debido a los cambios en el clima.

Ustedes como Humanidad, no mantienen la sintonía y como hijos de Dios unos caminan luchando por ser fieles y otros caminan en total libertinaje y en desobediencia. No de ahora, esto viene gestándose desde antes, con el olvido de Dios que la misma Iglesia de Mi Hijo asumirá. Lo espiritual ha sido postergado por el dinero, la política y las relaciones sociales…, las consecuencias que la Iglesia padecerá serán vividas con grandísimos dolores.

Oren hijos, Italia padecerá, será invadida de un instante a otro y Roma será flagelada en medio de dolores de parto, Rusia entrará y tomará lo que es de Mi Hijo: la Basílica. (*)

El Pueblo de Mi Hijo deberá congregarse con Mis Hijos Predilectos fieles, en lugares ocultos, pero desde esos lugares ocultos, la luz de la Fe se elevará hasta llegar al Trono Paterno. Hijos amados, la Iglesia se encontrará desolada, y sabrá que las alianzas con otras religiones no han sido verdaderas si no que han servido para llevar a la confusión a Mis hijos, que a raíz de esto, se han entibiado más de lo que estaban y el demonio les ha tomado y ha bebido su sangre, para abatirles… HIJOS MÍOS, EL DEMONIO MERODEA, SE ENCUENTRA CERCANO.

El Aviso no está lejano del hombre, en instantes darán razón de la desobediencia y el mal que han causado, del bien que no han hecho y de la desobediencia con que han lastimado el Sacratísimo Corazón de Mi Hijo.

HIJOS, CADA UNO HA CRECIDO ESPIRITUALMENTE DENTRO DE SU LIBRE ALBEDRÍO, UNOS HAN CERRADO LAS PUERTAS, OTROS VIVEN A MEDIAS, OTROS NO DESEAN MIRAR A MI HIJO, Y OTROS SE DAN POR ENTERO. HE DE CONFIRMARLES QUE QUIENES VIVEN A MEDIAS DEBEN CONVERTIRSE, DE LO CONTRARIO EL DOLOR QUE PADECERÁN SERÁ MAYOR.

Oren, hijos, oren, la guerra que ya ha iniciado, intensificará su actividad al acercarse decisiones políticas en Estados Unidos, y esta Nación será amenazada por un meteorito que se acercará. La política será estática. Esta Nación padecerá hasta el hartazgo, el volcán Santa Helena entrará en erupción, el volcán Yellowstone es más grande de lo que los científicos piensan.

Pueblo de Mi Hijo, la tierra continuará agitándose con fuerza, los grandes volcanes harán erupción y los que dormían despertarán. El hombre con su mal proceder emana su maldad hacia el universo y el Universo la envía nuevamente a la Tierra con mayor fuerza, despertando a la Creación que mira al hombre como el gran desconocido.

Hijos de Mi Corazón Inmaculado, con dolor en Mi Corazón Materno les hablo ante este instante que no pasará sin que la Humanidad se purifique a sí misma y se lave de todo pecado.

Mi Hijo les advirtió, cuando el género humano omita la Ley de Dios y el varón conviva con el varón y la mujer con la mujer, cuando este actuar sea aceptado por los gobiernos y disimulado por un sector de Iglesia de Mi Hijo, recuerden que esta es una gran señal de la cercanía de lo anunciado. No se extravíen que la purificación será. La Naturaleza alertará al hombre con cambios bruscos, y grandes eventos que no han sido vividos. Luego llegará el gran impostor sin que la Humanidad lo entienda, ni lo reconozca, ante la lejanía que mantiene con el Cielo. La masonería, los illuminati, el comunismo, los poderosos económicamente, nombrarán rey al engendro del mal.

LLEGARÁ EL AUXILIO DE LA CASA PATERNA Y SERÁ ENTRE USTEDES EL ESPEJO DEL AMOR DE MI HIJO, MANTENIÉNDOLES EN LA FE, ESPERANZA Y CARIDAD, HASTA QUE MI HIJO LLEGUE EN SU SEGUNDA VENIDA A LA TIERRA.

Mi Hijo y Yo no les dejamos solos. Terminada la Tribulación, el hombre con nueva vista, nuevos oídos, y con una voluntad renovada, clamará: ¡ABBA PADRE!.

Esperen amados, que Mi Hijo en Su Segunda Venida estremecerá toda la Creación y llegará por Sus fieles. Por ello perseveren y no claudiquen.

AMADO PUEBLO DE MI HIJO, ANTE LA GUERRA INESPERADA, MI AMOR MATERNO SE DERRAMA EN TODA CRIATURA HUMANA QUE DESEE SER TODA
DE MI HIJO.

ENVIARÉ MIS LEGIONES CELESTIALES HASTA USTEDES, LES REUNIRÉ PARA QUE NO PADEZCAN.

Les bendigo, les amo.

Mamá María.

AVE MARÍA PURÍSIMA, SIN PECADO CONCEBIDA.
AVE MARÍA PURÍSIMA, SIN PECADO CONCEBIDA.
AVE MARÍA PURÍSIMA, SIN PECADO CONCEBIDA.

(*) Profecía de San Maximiliano Kolbe (1894 - 1941)
 "Un día la bandera de la Inmaculada Virgen María ondeará sobre el Kremlin (centro del poder comunista), pero antes, la bandera roja flotará sobre el Vaticano". Es decir: Rusia se convertirá, pero no sin que antes el comunismo (sus errores, y el ateísmo) lleguen hasta el mismísimo Vaticano, la sede del Papa.
  
 
COMENTARIO DEL INSTRUMENTO

Hermanos (as):

EN ESTE DÍA EN QUE NUESTRA MADRE ME HA DADO ESTE LLAMADO DE AMOR PARA TODA LA HUMANIDAD, ME HA DADO UNA VISIÓN, LA QUE DESEO COMPARTIR CON USTEDES:

Nuestra Madre Santísima, vestida de blanco, con un ropaje que parece fino encaje, pues logro mirar formas de rosas en su vestido, con pinceladas en celeste pastel se definen las rosas que miro.

Su Manto bendito traslúcido me permitió mirar las constelaciones, que parecía pendían de Su Manto y daban brillo y luz a toda la figura de la Madre.

Su cabello suelto castaño claro, con ondulaciones que parecen jugar con un leve viento que siempre precede a Su llegada, me mira, y me habla, extendiendo Sus benditas y finas Manos, me lleva a mirar lo siguiente:

“Hombres de diferentes culturas y razas unidos, pero no en el Amor de Cristo sino en un gran ejército combinado por alianzas, que marchaban hacia Italia dejando una estela de muerte a su paso. Es un ejército grande y poderoso, el resto del mundo prácticamente tiembla ante el avance decidido de este ejército hacia Italia.

Les miro avanzar y de inmediato aparece Estados Unidos, doliente y padeciendo. Nuestra Madre me indica que mire hacia el Cielo y yo… al mirar veo una luz brillante que viene en dirección a la Tierra.

Creo que es un meteorito de gran tamaño, es interceptado pero la parte más grande se dirige hacia el mar, en dirección a Estados Unidos.

De pronto, nuestra Madre levanta Su otra Mano y aparecen criaturas humanas enfermas con grandes pestes, pues miro a una persona sana que se acerca a otra enferma, y es contagiada de inmediato… Le pregunto a nuestra Madre ¿cómo les podemos ayudar a estos hermanos? y Ella me dice: usen ya el aceite del buen samaritano, Yo les di los ingredientes necesarios y convenientes.

Me dijo nuestra Madre que llegarán verdaderas pestes y que debemos consumir un diente de ajo crudo en las mañanas o aceite de orégano, estos dos son excelentes antibióticos, si no se consigue aceite de orégano se puede hervir y hacer un té, pero es mejor el aceite de orégano como antibiótico.

Nuestra Madre me dijo: La ignorancia en el ser humano es lo que lleva a tanto conflicto, es tan importante el conocimiento para erradicar la ignorancia. Diles a tus hermanos que tienen que aprender a orar y llevar esa oración a la práctica en el prójimo, tienen que ser acción. Diles que no sean fanáticos sino criaturas de fe, fuertes, firmes y decididas; criaturas de fe que conocen lo que aman, que practican lo que dicen y dan testimonio de lo que predican.
 
Diles que tengan voluntad para que el ego no les domine, y humildad para ser verdaderos.Diles que el hombre es causante de su propio mal, en unos casos, causante directo y en otros, llevado por la ignorancia que le han dado como verdad.

Diles que les amo y que Mi Hijo desea que Yo tome un lugar más cercano hacia Su Pueblo.
Diles que Mi Auxilio está con todos.
Diles que me  llamen.

Diles que les bendigo y les amo.


Amén.

viernes, 3 de junio de 2016

Sagrado Corazón de Jesús e Inmaculado Corazón de su Ssma. Madre.- Ejercicio de amor y piedad


EJERCICIO DE AMOR Y PIEDAD SOBRE LOS DOLORES DEL DIVINO CORAZÓN DE JESÚS Y DEL SAGRADO CORAZÓN DE MARÍA
Tomado de:
“El Corazón de Jesús”, de San Juan Eudes
EDITORIAL «SAN JUAN EUDES»
USAQUEN, BOGOTA, D.E.
1957

Jesús, bueno e inocentísimo Cordero, que sufristeis tantos tormentos en la cruz, que visteis el Corazón virginal de vuestra querida Madre abismado en un océano de dolores, dignaos enseñarme a acompañaros en vuestros sufrimientos y a sentir vuestras aflicciones.

¡Oh, qué doloroso espectáculo ver estos dos corazones de Jesús y María, tan santos, tan inocentes y tan llenos de gracias y perfecciones, tan colmados del divino amor, tan estrechamente unidos y afligidos el uno por el otro! El Corazón sagrado de la Madre de Jesús sentía vivamente los inmensos tormentos de su Hijo y el Hijo único de María estaba plenamente penetrado de los dolores incomparables de su Madre. La hermosa Oveja y el inocentísimo Cordero se llaman uno a otro. El uno llora por el otro, sufre y siente las angustias del otro sin alivio alguno y cuanto más puro y ardiente es el amor mutuo más sensibles y agudos son los dolores.

¡Oh corazón endurecido, cómo no te derrites en dolores y lágrimas al ver que eres la causa de los inenarrables dolores de esta santa Oveja y del dulcísimo Cordero!

¿Qué han hecho para sufrir tantas aflicciones?
Tú, miserable pecador, tus abominables pecados son los verdugos de estos inocentísimos y santísimos corazones. Perdonadme, corazones benignísimos, tomaos sobre mí la venganza que merezco; ordenad a las criaturas obedientes que descarguen sobre mí los castigos de que soy digno. Enviadme vuestros dolores y sufrimientos, a fin de que, como he sido su causa, os ayude a llorar y sentir lo que os he hecho sufrir. Oh Jesús, amor de mi corazón; oh María, consuelo de mi alma, tan semejante a vuestro Hijo, imprimid en mi corazón un gran desprecio y aversión a los placeres de esta vida que pasasteis entre tormentos. Puesto que soy vuestro, de vuestra casa y vuestro indignísimo siervo, no permitáis que acepte placer alguno en este mundo, sino en las como en que Vosotros lo tomáis y haced que lleve siempre vuestros dolores en mi alma, que ponga mi gloria y mis delicias en estar crucificado con Jesús y María.

!Oh Virgen santísima! , ¿Cómo vuestros goces se han cambiado en dolores? Si hubieran sido semejantes a los del mundo, justo hubiera sido este cambio; pero, oh Reina de los Ángeles jamás os gozasteis sino en las cosas divinas. Sólo Dios poseía vuestro Corazón y nada os contentaba fuera de lo que procedía de Él y a El os guiaba. Tuvisteis el gozo de veros Madre de Dios, de llevarle en vuestras benditas entrañas, de verle nacido y adorado por los Ángeles, pastores y reyes, de verle descansar en vuestro do pecho y de sustentarle con vuestra leche virginal; de servirle con vuestras purísimas manos, de ofrecerle en el templo a su eterno Padre, de verle conocido y adorado por el justo Simeón y por la profetisa Ana. Todos vuestros gozos durante los treinta años que con El morasteis eran divinos interiores y espirituales, de El mismo los recibíais. Eran júbilos, elevaciones de espíritu y arrobamientos del alma, que inflamada en el amor de este amabilísimo Jesús se elevaba y transportaba en su divina Majestad. Y así unida y transformada siempre en El, recibía mayores favores que todas las jerarquías del cielo, puesto que vuestro amor sobrepasaba al de los Serafines.

¡Oh, Señora y Reina de los Ángeles!, ¿qué puede haber en goces tan puros y santos, en tan espirituales y celestiales satisfacciones, capaz de convertirlos en dolores? ¿Tuvo que llegar hasta Vos la miseria y tributo de los pobres hijos de Eva, desterrados del paraíso, en cuyo pecado no tuvisteis la menor parte? ¿No fue posible sino este destierro dejara de ser para Vos tierra de aflicciones y valle de lágrimas?

Oh, pobre pecador, que, crees encontrar placer en esta vida, que no los tiene sino engañosos y falsos, mira los sufrimientos del Rey y de la Reina del cielo. Muere de confusión a la vista de los desórdenes de tu vida y de la aversión que tienes a la cruz. Toda la vida de Jesús, la inocencia misma, es un continuo sufrimiento. Toda la vida de María, santa e inmaculada, es una perpetua cruz. ¡Y tú, miserable pecador, que has merecido mil veces el infierno, tú ambicionas  placeres y consuelos!

Oh, Reina de los Ángeles, durante todo el tiempo que vivisteis con vuestro Hijo Jesús, os visteis oprimida por los dolores que ciertamente os habían de sobrevenir, puesto que habían sido profetizados por el anciano Simeón: dolores sin igual, porque la medida de ellos era la grandeza de vuestro amor.

Llegado el momento de la pasión, el Divino Salvador se despidió de Vos para ir a sufrir, haciéndoos saber que era la voluntad de su Padre que le acompañaseis al pie de la cruz y que vuestro Corazón fuera allí traspasado por la espada del dolor. Avisada por San Juan en el momento en que iba a ser inmolado el divino Cordero, regasteis las calles de Jerusalén con vuestras lágrimas. Encontrasteis a vuestro Hijo en medio de una muchedumbre de lobos y leones que aullaban y rugían contra El: ¡«Tolle, tolle, crucifige, crucifige»! (San Juan 19:15). Le visteis, no adorado por Ángeles ni reyes, sino mostrado al pueblo como falso rey, blasfemado, deshonrado, condenado a muerte, cargado con su cruz, conducido al Calvario, a donde le seguisteis bañada en lágrimas en medio de inmensos dolores.

Cuando fue crucificado escuchasteis los martillazos que partían vuestro Corazón. Sufristeis indecibles tormentos' aguardando la hora dolorosa en la que le habíais de ver crucificado. Le contemplasteis levantado en alto, entre los gritos y blasfemias que vomitaban contra El las bocas infernales de los judíos y que helaban vuestra sangre. Estuvisteis aquellas dolorosas horas junto a la cruz oyendo las atroces injurias que aquellos pérfidos proferían contra vuestro Cordero, contemplando los terribles tormentos que le hicieron sufrir hasta que expiró entre tantos oprobios y suplicios.

Después os le pusieron muerto en vuestros brazos para que envolvieseis su cuerpo en un lienzo y le dieseis sepultura, de manera que como en su nacimiento le prestasteis los primeros servicios, le ofrendaseis también los últimos obsequios, en tan apremiantes dolores y crueles angustias. Tan penetrante era la desolación de vuestro corazón maternal, que para comprenderla en alguna manera, sería preciso entender el exceso de vuestro casi infinito amor a vuestro Hijo. Todo os afligía. En todo no veíais sino motivo de desolación y de lágrimas; vuestro maternal Corazón tan lleno estaba de sangrantes llagas, como vuestro querido Jesús padecía en su cuerpo y en su Corazón. Aunque en nada disminuía vuestra fe y la obediencia mantenía vuestro Corazón perfectamente resignado a la voluntad divina, no por eso dejabais de sufrir inconcebibles dolores, como los que experimentaba vuestro Hijo a pesar de su perfectísima sumisión a todas las órdenes de su divino Padre. No hay, en fin, corazón capaz de comprender lo que entonces sufristeis.

Vuestros fieles servidores y verdaderos amigos se deshacen en lágrimas y se llenan de dolor al ver vuestros divinos goces cambiados en tan crueles tormentos y al considerar que vuestra santísima inocencia sufre dolores tan inhumanos. Gustosos se consumirían y harían pedazos para vuestro consuelo, si lo pudieran. Oh, qué sangriento martirio para el corazón de vuestro divino Hijo, Unigénito de Dios y vuestro, ver clarísimamente todos los dolores que traspasaban vuestro Corazón, el abandono en que quedabais, las angustias que su ausencia había de ocasionaros. Saber que no le hablabais, ni El os hablaba, porque no hay palabras capaces de mitigar tan atroces dolores.

Oh Padre de las misericordias y Dios de toda consolación, ¿qué corazones son los que así tenéis crucificados? Cómo no prestáis vuestra asistencia a vuestro único Hijo y a vuestra amable Hija y humildísima Sierva? Cómo quebrantáis con ellos la ley que establecisteis de que sobre vuestro altar no se sacrifique el mismo día al cordero y a su madre? Porque en el, mismo día, a la misma hora, en la misma cruz y con los mismos clavos tenéis clavado al único Hijo de la desolada María y su Corazón virginal de inocentísima Madre. Es que os cuidáis más de las ovejas, bestias brutas, no queriendo que aun sacrificadas cuando se encuentran afligidas por la pérdida de sus corderos que de esta purísima Virgen afligida por los dolores y muerte de su divino Cordero? Es que no queréis que tenga otro verdugo de su martirio, sino el amor que a vuestro Unigénito tiene; ni que, en tan crueles tormentos, falte a este bondadosísimo Hijo, la vista de los sufrimientos de esta dignísima Madre para más afligirle y atormentarle!

Alabanzas y bendiciones inmortales sean dadas, ¡oh, Dios mío, al amor incomprensible que tenéis a los pecadores! ¡Gracias infinitas y eternas por todas las obras de este divino amor!

Oh Jesús, Unigénito de Dios, Hijo único de María, luz de mi alma, os suplico, por el infinito amor que me tenéis, que iluminéis mi mente con vuestras santas verdades, que arrojéis de mi corazón el deseo de los consuelos de esta, vida y que pongáis en él deseos de sufrir por vuestro amor, causa de vuestros tormentos y fuente de las tribulaciones de vuestra santa Madre. Qué ciego soy cuando creo poder agradaros por camino distinto del señalado! Hasta cuándo, oh Amor, seré tan ciego y viviré tan engañado? Hasta cuándo huiré de Vos? Hasta cuándo este hombre de tierra se negara a tener vuestros divinos sentimientos? Para qué quiero la vida al no la empleo en darosla como Vos y vuestra santísima Madre la disteis por mí en la cruz? Qué mayor esclarecimiento de mis faltas quiero yo que este? Oh divina Sabiduría, que vuestra luz celestial me guié por todas partes, que la fuerza de vuestro amor me posea totalmente y que obre en mi alma los cambios que produce en los corazones dóciles.

Me ofrezco y me doy del todo a Vos; haced, Señor que lo haga con puro y completo corazón. Quitadme el placer de., todas las coma y que únicamente lo tenga en amaros y en sufrir con VOS.

Oh Dios de mi corazón, os adoro Y os doy infinitas gracias porque hacéis que redunden en mi provecho los dolores que sufría al ver los de vuestra santa Madre, dándomela por Señora y Madre. Gracias por amarme hasta desear que ella me ¿une en vuestro lugar como a su Hijo y como tal tenga compasión de ]ni Y de mis necesidades, que me asista, favorezca, proteja, guarde y gobierne como a hijo suyo. Quizá, oh Redentor mío, no habéis encontrado mayor consuelo para vuestra Santísima Madre, que el darle hijos perversos y pecadores para que emplee su poder y caridad en procurar su conversión y salvación. Bendito y alabado seáis eternamente, porque habéis querido que nada se pierda, sino que todo se emplee en remedio de mis males y para colmarme de verdaderos bienes. No permitáis, pues, oh mi caritativo Médico, que muera entre tantos remedios. Recibidme y nacedme digno siervo y verdadero hijo de esta gran Reina y buenísima Madre.

Oh santísima Madre de Dios, recordad que los dolores que no sufristeis en el alumbramiento virginal de vuestro único Hijo se multiplicaron al pie de la cruz, en el alumbramiento espiritual de los pecadores cuando los recibisteis a todos por hijos vuestros. Ya que tanto os he e costado, recibidme, aunque indignísimo en calidad de tal. Haced conmigo, oh santísima Virgen, el oficio de Madre, protegiéndome, asistiéndome, guiándome en todas las cosas y obteniéndome de vuestro Hijo la gracia de mi salvación. Oh moradores del Cielo, benditos y sagrados frutos de las entrañas espirituales del maternal Corazón de esta purísima Virgen, pedidle que sea siempre para mí una Madre benignísima y que me alcance de su querido Hijo Jesús el servirlos y amarlos fielmente en este mundo para ser del número de los que le bendecirán y amarán eternamente en el otro. Así sea!



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miércoles, 1 de junio de 2016

LA SANTÍSIMA TRINIDAD Benedicto XVI, Ángelus del 11 de junio de 2006


LA SANTÍSIMA TRINIDAD
Benedicto XVI, Ángelus del 11 de junio de 2006

Queridos hermanos y hermanas:

Gracias al Espíritu Santo, que ayuda a comprender las palabras de Jesús y guía a la verdad completa (cf. Jn 14,26; 16,13), los creyentes pueden conocer, por decirlo así, la intimidad de Dios mismo, descubriendo que Él no es soledad infinita, sino comunión de luz y de amor, vida dada y recibida en un diálogo eterno entre el Padre y el Hijo en el Espíritu Santo, como dice san Agustín, Amante, Amado y Amor.

En este mundo nadie puede ver a Dios, pero él mismo se dio a conocer de modo que, con el apóstol san Juan, podemos afirmar: «Dios es amor» (1 Jn 4,8.16), «hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él» (cf. 1 Jn 4,16). Quien se encuentra con Cristo y entra en una relación de amistad con él, acoge en su alma la misma comunión trinitaria, según la promesa de Jesús a los discípulos: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos morada en él» (Jn 14,23).

Todo el universo, para quien tiene fe, habla de Dios uno y trino. Desde los espacios interestelares hasta las partículas microscópicas, todo lo que existe remite a un Ser que se comunica en la multiplicidad y variedad de los elementos, como en una inmensa sinfonía. Todos los seres están ordenados según un dinamismo armonioso, que analógicamente podemos llamar «amor».
Pero sólo en la persona humana, libre y racional, este dinamismo llega a ser espiritual, llega a ser amor responsable, como respuesta a Dios y al prójimo en una entrega sincera de sí. En este amor, el ser humano encuentra su verdad y su felicidad. Entre las diversas analogías del misterio inefable de Dios uno y trino que los creyentes pueden vislumbrar, quisiera citar la de la familia, la cual está llamada a ser una comunidad de amor y de vida, en la que la diversidad debe contribuir a formar una «parábola de comunión».

Obra maestra de la santísima Trinidad es, entre todas las criaturas, la Virgen María: en su corazón humilde y lleno de fe, Dios se preparó una morada digna para realizar el misterio de la salvación. El Amor divino encontró en ella una correspondencia perfecta, y en su seno el Hijo unigénito se hizo hombre. Con confianza filial dirijámonos a María, para que, con su ayuda, progresemos en el amor y hagamos de nuestra vida un canto de alabanza al Padre por el Hijo en el Espíritu Santo.

* * *

Tomado de:

http://www.franciscanos.org

Toda la tecnologia de muerte se revertira contra el hombre - Mensaje de Dios Padre a ENOCH Junio 1-2016


¡ES TIEMPO PUEBLO MÍO DE COMENZAR A ORAR EN CADENA, PARA QUE LA FUERZA Y EL PODER DE LA ORACIÓN OS VAYAN PREPARANDO PARA LOS DÍAS DE BATALLA ESPIRITUAL QUE SE APROXIMAN!
Junio 01 de 2016 - 8: 10 AM

LLAMADO DE DIOS PADRE A SU PUEBLO FIEL

Mi paz esté con vosotros, pueblo mío, heredad mía

Hijos míos, mi corazón de Padre de la humanidad está afligido y siento gran tristeza al ver esta generación ingrata y pecadora que se niega a escucharme y a poner en práctica mis preceptos. El flagelo de la guerra hará retroceder la humanidad, la soberbia de los reyes de este mundo, solo traerá muerte, destrucción y desolación para mi creación y mis criaturas.

Toda la tecnología de muerte creada por el hombre de estos últimos tiempos se revertirá contra él y la ciencia retrocederá miles de años. Los sobrevivientes de la hecatombe nuclear volverán a comenzar y poblar de nuevo mi creación. El hombre volverá a la era de piedra.

¡Ay de ti, Israel, porque se acercan los días de tu purificación! ¡Oh madres de Jerusalén, corred a amparar a vuestros hijos, así como lo hace la gallina con sus polluelos, porque se está acercando el día grande y terrible del Señor! ¡Levantaos montes y collados; huid aves del cielo y buscad vuestros refugios, criaturas mías! ¡Entonad cánticos plañideros, hijas de Sión, porque están cerca los días de mi Justicia; desgarrad vuestros corazones y no vuestras vestiduras y clamad al cielo pueblo mío, para que podáis sobrellevar con fe y esperanza los días de purificación que se avecinan!

¡Ay, Ay, Ay, estos serán los ayes de la hija de Sión, que llorará desconsolada en aquellos días por la pérdida de sus hijos! Llora como lloró Raquel en tiempo del tirano Herodes. ¿quién podrá consolar a la hija de mi pueblo? Solo aquellos que pongan su confianza en el Señor, lograrán superar las duras pruebas de aquellos días, que como fantasmas se acercan.

Volved a mí de corazón, pueblo mío, todavía os quedan unos pocos instantes de misericordia, no dejéis que se agoten; prestadle atención a mis llamados angustiosos, para que mañana podáis ser justificados y las pruebas de purificación por las que pasareis os sean más llevaderas.

Es tiempo pueblo mío de comenzar a orar en cadena, para que la fuerza y el poder de la oración os vayan preparando para los días de batalla espiritual que se aproximan. En aquellos días, vuestra oración en cadena será vuestra fortaleza y así como lo hice con mi pueblo cuando camino por el desierto rumbo a la tierra prometida, lo haré también con vosotros en vuestro desierto. Yo os escucharé en la medida que oréis y alabéis, unidos en la oración. Tened confianza en vuestro Dios y el Maná de cada día os enviaré.

Id pues preparándoos con la oración; formad fortines con vuestros hermanos; acatad mis instrucciones que os iré enviando con mis mensajeros, para que cuando lleguen aquellos días estéis preparados y juntos seáis una sola voz que alabe y clame al cielo. Un solo pueblo unido en la oración, será mañana mi Nuevo Israel.

Quedad en mi paz, pueblo mío, heredad mía. Vuestro Padre, Yhavé, Señor de las Naciones. Dad a conocer mis mensajes en todos los confines de la tierra


Enoch.
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Sí nos creemos religiosos: refrenemos la lengua!